Archive for 2013

Me da miedo este Real Madrid

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 Me sigue pareciendo el mismo grupo endeble del curso pasado. Con Mourinho viajó a Londres la mala educación, también lo hizo la intensidad.

He tenido un Dejavu. He vuelto a ver pasear a Benzema, como Owen Wilson en “Midnight in Paris”, añorando tiempos mejores, tiempos pasados.

He vuelto a advertir un tono chulesco y confiado en Sergio Ramos, el sevillano se olvida de que él no baila, él debe barrer, dejar todo limpio para que los de arriba puedan divertir al respetable.

De nuevo, he visto a un 600 en una autovía. La carrera aquí sólo se igualó cuando Ancelotti sacó su Porsche y pudo equipararlo al Ferrari que su homónimo le tenía preparado.

Ronaldo, preocupantemente ansioso. No debe hacerlo todo, de hecho, no sabe hacerlo todo. Tengo la sensación que cuanto más conjuntado, mejor juega el Madrid, peor lo hace él. Quizás es la costumbre de verle tirando de un equipo descabezado.

Morata y Jesé. Sus irrupciones se están haciendo de esperar demasiado ya. Ellos no tienen la culpa, Ancelotti sigue viéndoles como meros secundarios. Veremos cuanto tardan en el resto de Europa.

Y a todos los madridistas les diría que no pierdan su tiempo en pedir “La décima” para el año próximo, no va a llegar.
 No de seguir esto así.



Como uno de segunda.

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En innumerables ocasiones hemos escuchado en los corrillos futbolísticos aquello de: “La segunda división es mucho más dura que la primera”. O aquello otro de: “En primera te dejan jugar, hay más espacios, en segunda aprietan más”.

Nada más lejos de la realidad, yo en otra etapa tuve un pensamiento inicial similar, el de que la segunda división era territorio más hostil, más fangoso, en el cuál primaba la voluntad y la capacidad física por encima de cuestiones técnicas.

Evidentemente la segunda división es complicada, de difícil adaptación, sobre todo para un equipo recién descendido. Más aguda competitivamente hablando es la primera, pero ese no es el tema del que quiero ocuparme hoy.

Reflexiono sobre esta cuestión porque hay un conjunto que no deja de asombrarme, un equipo de primera división que es capaz de jugar como uno de segunda, diría más, como uno pequeño de segunda “b” que se sabe inferior a su oponente, pero que sin embargo no guarda ningún miedo ni ningún respeto por éste.

El Atlético de Madrid es capaz en cada partido de saborear las mieles más exquisitas de este deporte y a la vez de morder el barro, intimidando y tirando de la vieja escuela para hacer desaparecer rivales.

Hacer creer a tu equipo que si no corres no eres nadie ha sido, creo, la labor más ardua del Cholo desde que piso el Manzanares. Aquel equipo que él entreno los primeros meses era sólo un gato con un pequeño mosqueo comparado con la bestia que es hoy en día.

Por eso no me canso de ver a este equipo, a día de hoy, con el permiso de “los más grandes”, el mejor equipo de Europa.



Sin actitud, ni paciencia.

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Llevamos semanas asistiendo a la caída de un jugador, y al encumbramiento de otro. Benzema y Diego Costa se han convertido en dos claros ejemplos de actitud en la delantera.

El francés ha comenzado la campaña con unos números notables, pero el respetable del Bernabéu empieza a estar cansado de su trote, de su pose indolente, y de esa frialdad ante todo, incluso ante la propia actitud crítica del Bernabéu.
Por su parte, el brasileño es un futbolista de los de antes, de los que entienden el fútbol como un trabajo, se debe a su afición, que lo contempla cada domingo como se contemplaba en la antigua Roma a un gladiador desde las gradas del circo. Aunque él pudiera ser más bien ese león hambriento que arrasaba gladiadores.

Si establecemos una comparación meramente futbolística, de aptitudes, analizando objetivamente  cada una de las parcelas técnicas, el francés saldría muy bien parado. Es un jugador capaz de golpear con potencia y precisión con ambas piernas, se mueve bien por el frente de ataque, tiene capacidad para el uno para uno, puede bajar a asociarse con sus compañeros, tiene un cuerpo que le ayuda a aguantar el balón de cara a portería, posee capacidad para el último pase…

Todo eso en la teoría, en mi cabeza siempre está ese Benzema. Cuando el árbitro pita el inicio de partido aquello es otra cosa. Le falta precisión en el golpeo, se mueve con poco sentido, en muchas ocasiones llegando incluso a estorbar a sus compañeros. No sirve de referencia arriba, falla hasta el pase más simple, no es capaz de aguantar el balón ante un rival. Todo por una cuestión de actitud, no compite como otros, y esta es una cualidad más difícil de obtener casi que las cualidades técnicas anteriormente mencionadas.

En cambio, Diego Costa, es un jugador tosco, no es elegante en la conducción, no es elegante siquiera cuando se calza un esmoquin. Pero acude a cada partido en ayunas, su voracidad acaba con los defensas por los suelos, con los balones en la red, y con la grada en pie.



La paciencia con Benzema ha sido infinita, y la cosa de gol, en fútbol, es cuestión de los mejores, de las bestias más indomables. Sólo hay que echar la vista atrás.
Tengo poca edad, y menos memoria, pero sólo conozco un caso en el que el delantero era un tipo frio, sin demasiada preocupación por el juego de su equipo y adolecía de actitud ante los rivales. Ha dado la casualidad de que este hombre es el mejor delantero que he visto jamás, pero de estos sólo hay uno. Ronaldo Nazario era capaz de pasar desapercibido todo el partido, de tirar dos desmarques y hacer tres goles.

Pero como digo, de estos hay pocos, o uno, y las cifras goleadoras de Benzema no son las de aquel rechoncho brasileño ni de lejos.

Y esto no va sólo de cifras, sino de sensaciones con la afición. Así, en Barcelona, todos recuerdan el genio y el carácter de Eto´o, o las malas pulgas y el temperamento de Stoichkov.
Si miramos la terna de arietes actuales, entre los mejores destacan fajadores como Falcao o Cavani, tipos capaces de pegarse con cualquier defensa, que no descansan hasta lograr su fin.

Yo quiero uno de estos en mi equipo, alguien que no sólo meta goles, sino que haga todo lo posible por hacerlos.

Raúl, el histórico número siete del Madrid es el ejemplo más claro. Con 71 goles es el máximo goleador histórico de la mejor competición por clubes, la Champions League. Y Raúl no es que fuera un dechado de virtudes futbolísticas. Pero si de actitud. Qué bien le habría venido a Benzema tener estos años a Raúl al lado.

Aún así, con todo lo aquí expuesto, albergo la mínima esperanza de que el francés despierte de su letargo. Pero que sea pronto, porque dos cachorros pronto le cogerán el gusto a eso de saltar al Bernabéu, Jesé y Morata piden sitio.

Filippo Inzaghi, FUTBOLISTA.

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Hoy cumple años el que consideraba el peor delantero del mundo. ¡Qué cabeza la mía!

Y en una tarde más de sosiego le dedico unas líneas, 5 minutos me ha costado, este tipo tampoco se merece mucho más. 

FILIPPO INZAGHI.

Cuando se habla de talento rara vez salen a la luz la falta de destrezas o la incapacidad.

Lo de este hombre era distinto, el personaje que protagoniza este texto tenía el mayor talento que se puede tener en un campo de fútbol, y que quedaba infravalorado por cuestiones estéticas mucho más apreciables.

Filippo Inzaghi tenía talento para el gol, lo que conocemos como “olfato de gol”, esa capacidad para estar siempre en el sitio justo en el momento más oportuno.

Una capacidad que por ejemplo servidor no admiraba, ni siquiera la llegaba a entender, como un tío tan “malo” podía hacer tantos goles con esa facilidad.
 ¿Por qué él?


Este italiano vivía en el área, o en su defecto en una constante lucha por arrebatar un centímetro al defensa que no supusiera su fuera de juego arrancando desde posiciones más atrasadas.
Esa era su lucha, la de estar siempre al límite, ese era su talento, el de saberse muy inferior en otras aptitudes relacionadas con el juego.

Lento, falto de técnica, tosco, feo. Prefería ver correr a  Zidane 20 minutos detrás del balón que ver al “Pippo” anotar una docena de goles.

Jamás le vi anotar un gol bonito, acertar con un  golpeo certero, limpio. En mi mente siguen rechinando sus disparos “mordidos” que acababan posándose de manera lastimosa en las redes, al igual que sigo recordando esas carreras que precedían a sus goles, todo un éxtasis.


Nunca nadie hizo tanto con tan poco, nadie hizo tantos goles teniendo tan pocas condiciones para destacar en éste deporte, sobrevivió gracias a su talento, al más vital de todos en este mundo, al gol.

Oportunismo y otros hobbies.

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En los últimos años asisto atónito a un síndrome más que preocupante, supongo que no es nuevo. Nuestra sociedad es oportunista, no tenemos memoria, ni nada parecido. El mundo del periodismo deportivo no es diferente.
Nos ha infligido dos duras derrotas en Europa, es cierto, pero… ¿Por qué tiene eso que variar de manera tan descomunal nuestras sensaciones y opiniones?
Los que el martes por la mañana ondeaban la bandera española diciendo que teníamos a los dos mejores equipos de Europa, se esconden ahora en sus búnkeres y hablan del clarísimo predominio alemán, guardando la bandera en un armario, a la espera de una posible remontada.
Ahora resulta que la liga Alemana es la mejor del mundo, en lo meramente deportivo lo dudo. Una liga que comanda el Bayern con total supremacía, y en la que el Dortmund, su principal rival, tiene que hacer frente a la marcha de su mejor jugador a futuribles tierras de Guardiola.
Una liga en la que el Bayern a poco que apure aplasta a sus rivales sin ningún tipo de contemplación.
Lo dicho, muy poca memoria, se nos olvida que de no ser por un clamoroso error arbitral el semifinalista que ayer apabulló al Real Madrid, el Dortmund, estaría fuera, en favor de un Málaga que hubiera sido el tercer semifinalista español en ésta edición de la Champions.
Puede ser que la mejor competición doméstica sea la inglesa, esa que ha ganado con bastante solvencia el Manchester United, un United eliminado por un Real Madrid que no mostró ni de lejos su mejor cara en esa eliminatoria. Hay que recordar también la penosa Champions del Manchester City, al igual que la de Arsenal o Chelsea.
Quizás la mejor liga de Europa es la rusa, como el Rubin Kazan eliminó a Atlético de Madrid y Levante en Europa  League…

A todo esto, no me supone ninguna sorpresa la posible final alemana, el Bayern ha demostrado durante toda la competición ser el mejor equipo, el más sólido, el más equilibrado, el más solidario, en definitiva, el que más hambre de Champions tenía. Amén de contar con una lista de cracks sólo comparable a Barça y Madrid, además éste Múnich no sólo se está preocupando del presente, sus miras van más allá.
Lo del Dortmund puede resultar más extraño, sin serlo. Ya avisó en la fase de grupos, había venido a competir por ésta competición. Con un juego vertical, dinámico, y con una imaginación brutal en el último tramo del terreno de juego, no me sorprende su semifinal.
Aquí vuelvo a lo del hambre, cuando un equipo está saciado, como el Barça, pueden ocurrir cosas como las que acontecieron el pasado martes, el Dortmund en cambio no sabe en los últimos años lo que es disputar rondas europeas finales, y éste curso querían, y cuando la voluntad aparece, y el talento, lo natural fluye, pasan éste tipo de cosas, insaciables.
Pero nosotros a lo nuestro, a subirnos y bajarnos a la nube según marquen los gurús del periodismo deportivo español, ese que tanta pena me da. A hablar de fin de ciclo,  de rumores, de conflictos extradeportivos, esto es lo que más nos gusta.
Al fútbol que se dediquen los alemanes.

Fútbol. ¿Sólo cuestión de fútbol?

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Últimamente se me viene a la cabeza ésta pregunta, y a cada minuto transcurrido en un terreno de juego, a cada acción, a cada jugada de cada partido que observo me convenzo de que el fútbol no es sólo cuestión de fútbol, entendiendo por fútbol aquello concerniente sólo al propio juego, al pase, al control, al gol.
Desde luego esto no es nuevo, no me voy a dar cuenta ahora de que el fútbol es mucho más. Pero en los momentos malos uno piensa más las cosas, es en estos momentos cuando más tiempo tienes el fútbol en la azotea, aunque no quieras, el fútbol, el juego, ya forma parte de tu vida y de tu quehacer.
¿Es posible que un equipo que ha estado peleando en lo más alto pierda 4 partidos consecutivos con equipos peor clasificados? Si, lo es. ¿Sólo por cuestión de fútbol? No lo creo, un equipo no puede decaer de esa manera sólo porque su nivel futbolístico haya decaído, es aquí donde entran en juego otros factores, internos y externos.
Las bajas son siempre un hándicap, un bajón físico de casi la totalidad de la plantilla, la monotonía a la hora de entrenar, la elección de la alineación, los cambios realizados durante el desarrollo del partido, la preparación psicológica para el partido, la ausencia de un líder, o la falta de actitud son algunos condicionantes que pueden sumir al equipo en una decadencia tremenda.
Pero aún así, un equipo puede pelear y ganar partidos, sobre todo si los rivales a los que se enfrenta son de menor entidad, aquí entra el factor de la fortuna, desde luego, si el equipo estuviera en plenas facultades la suerte sería un factor que casi no se tendría en cuenta, pero dados los condicionantes expuestos con anterioridad la suerte pasa ahora a jugar un papel principal, muy relevante, casi más que cualquier otro factor.
El árbitro, esa figura encargada de impartir justicia en el campo pasa a ser el encargado de tomar las riendas del azar, ya que por desgracia, casi nunca aciertan, son humanos, se equivocan.
Y en este punto, el árbitro que debería ser un mero figurante, casi un extra, se torna en un actor principal, con un papel preponderante que además cobra mayor importancia a medida que avanzan los minutos. Y el día que ese actor principal no está muy acertado te toca caer, levantar, volver al barro y volver a levantarte para que al final todo acabe, y tú, otra vez en el suelo veas cómo se te vuelve a escapar otro partido por poco, por esa pizca de fortuna, y repito, una fortuna que no hubiera sido necesaria si todo hubiese seguido su cauce normal.
Luego, tras escuchar ese silbato que te manda a la caseta, ya no hay fuerzas para nada, nadie reprocha nada a nadie, eso ha sucedido durante el partido, malgastando unas energías que se podían haber empleado en variar el tono del encuentro.
No puedo dejar de acordarme en este momento de las palabras de Francisco Ruiz Beltrán cuando dijo aquello de “La enemistad con victorias, en fútbol, siempre es mejor que la amistad con derrotas”.
Sólo queda seguir trabajando para poder disfrutar, y hacer bueno aquel dicho, “cuanto más entreno más suerte tengo”.
Jesús Fuentes.