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Fútbol. ¿Sólo cuestión de fútbol?

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Últimamente se me viene a la cabeza ésta pregunta, y a cada minuto transcurrido en un terreno de juego, a cada acción, a cada jugada de cada partido que observo me convenzo de que el fútbol no es sólo cuestión de fútbol, entendiendo por fútbol aquello concerniente sólo al propio juego, al pase, al control, al gol.
Desde luego esto no es nuevo, no me voy a dar cuenta ahora de que el fútbol es mucho más. Pero en los momentos malos uno piensa más las cosas, es en estos momentos cuando más tiempo tienes el fútbol en la azotea, aunque no quieras, el fútbol, el juego, ya forma parte de tu vida y de tu quehacer.
¿Es posible que un equipo que ha estado peleando en lo más alto pierda 4 partidos consecutivos con equipos peor clasificados? Si, lo es. ¿Sólo por cuestión de fútbol? No lo creo, un equipo no puede decaer de esa manera sólo porque su nivel futbolístico haya decaído, es aquí donde entran en juego otros factores, internos y externos.
Las bajas son siempre un hándicap, un bajón físico de casi la totalidad de la plantilla, la monotonía a la hora de entrenar, la elección de la alineación, los cambios realizados durante el desarrollo del partido, la preparación psicológica para el partido, la ausencia de un líder, o la falta de actitud son algunos condicionantes que pueden sumir al equipo en una decadencia tremenda.
Pero aún así, un equipo puede pelear y ganar partidos, sobre todo si los rivales a los que se enfrenta son de menor entidad, aquí entra el factor de la fortuna, desde luego, si el equipo estuviera en plenas facultades la suerte sería un factor que casi no se tendría en cuenta, pero dados los condicionantes expuestos con anterioridad la suerte pasa ahora a jugar un papel principal, muy relevante, casi más que cualquier otro factor.
El árbitro, esa figura encargada de impartir justicia en el campo pasa a ser el encargado de tomar las riendas del azar, ya que por desgracia, casi nunca aciertan, son humanos, se equivocan.
Y en este punto, el árbitro que debería ser un mero figurante, casi un extra, se torna en un actor principal, con un papel preponderante que además cobra mayor importancia a medida que avanzan los minutos. Y el día que ese actor principal no está muy acertado te toca caer, levantar, volver al barro y volver a levantarte para que al final todo acabe, y tú, otra vez en el suelo veas cómo se te vuelve a escapar otro partido por poco, por esa pizca de fortuna, y repito, una fortuna que no hubiera sido necesaria si todo hubiese seguido su cauce normal.
Luego, tras escuchar ese silbato que te manda a la caseta, ya no hay fuerzas para nada, nadie reprocha nada a nadie, eso ha sucedido durante el partido, malgastando unas energías que se podían haber empleado en variar el tono del encuentro.
No puedo dejar de acordarme en este momento de las palabras de Francisco Ruiz Beltrán cuando dijo aquello de “La enemistad con victorias, en fútbol, siempre es mejor que la amistad con derrotas”.
Sólo queda seguir trabajando para poder disfrutar, y hacer bueno aquel dicho, “cuanto más entreno más suerte tengo”.
Jesús Fuentes.