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Al son que marca Gaspar.

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En un terreno de juego en el que todos los entrenadores afirman que es complicado jugar bien al fútbol brilló el más “jugón” de todos, Gaspar, autor del tanto y de la mejor faena de la mañana en la ajustada victoria del Cacereño.

Domingo 16 de Febrero, San Valentín se fue hace dos días, con él se llevó las rosas, los caricias, y las palabras bonitas, hoy tocaba batalla. Derbi.

Traía bien aprendida la lección Ángel Marcos, un habitual en la grada de los partidos del Municipal. Su equipo fue intenso, agresivo, y tuvo la fortuna necesaria para encarrilar un partido que no tuvo dueño colectivo. Sí individual, Gaspar fue la principal atracción, circense fue lo suyo.

“Pato” también tomó precauciones en su equipo, reforzó el centro del campo ante la presumible superioridad física de Checa, y convirtió a Buades en su media punta, el que debería ser el principal canalizador del juego de ataque. Lo de Checa no fue presumible, sino patente. Abel fue un media punta ahogándose en un mar de jugadores cacereños, nadie acudió en su rescate.

La primera mitad transcurrió entre saltos y disputas en el centro del campo, en este túnel la luz sólo aparecía cuando la pelota la agarraba Gaspar, el único en sintonía con el esférico durante todo el partido. Él estaba jugando a una cosa, los demás a otra. Su pareja de baile fue Santi Polo, su víctima. Al lateral arroyano sólo le queda el consuelo de que no volverá a ver a ese escurridizo bailarín en lo que queda de temporada.

El único tanto del partido llegaría en casi la única jugada hilvanada con verdadero sentido futbolístico por ambos equipos, la pelota tras una buena combinación la cogió Gaspar, con tiempo para medir a Santi Polo, fue perfilándose para su pierna zurda, Polo lo sabía, pero no pudo evitar el gol.

Checa fue el otro protagonista del partido; Ese hombre de rubia cabellera se merendó el plan de “Pato”, no hay  mediocentro en la categoría capaz de sostener al del Cacereño. Tras el gol creció, como la mala hierba, áspero, sin brillo con balón, pero manteniendo erguido a su equipo, dándole lo necesario.

El Arroyo sigue siendo buen equipo defensivamente, tampoco es una ardua labor defender con sobriedad en el terreno de juego arroyano, pero sigue faltando un poeta, alguien capaz de crear algo de la nada, de intentarlo al menos.

El discurso de Pato al final del partido tiene sentido: “Ellos parecían tener las ideas más claras”. También parecía tener razón Juanma: “Echo en falta agresividad en mi equipo, la hemos tenido, y ahora no la veo”.

Se pueden sacar algunas conclusiones; El equipo está en un período de adaptación al nuevo método, y parece haber perdido casi lo único que lo hacía diferente, su seña de identidad como local, la agresividad.

Que se den prisa en encauzar el rumbo, sólo quedan 12 jornadas.  Ya están en descenso.