Que Benítez sea Benítez

El Madrid, o Florentino, o ese enjambre de periodistas que, tanto estiman el morbo y tan poco el fútbol, vuelven a la carga.

Tienes una novia guapa, que cae bien a tu madre, a tu hermana y a tus amigos, pero no resulta suficiente. No. Buscas otra, año tras año, a veces tienes buen sexo, otras te engañan, te corrompen… Siempre quedan buenos momentos, pero nunca poso, algo sólido, que perdure y perpetúe una felicidad que no se sabe si es más inalcanzable en el amor a un escudo, o a una mujer.

Llegados a este punto, Benítez al frente y con el equipo segundo en la competición doméstica e impoluto en Champions, ya existen dudas sobre el rendimiento, el funcionamiento y el devenir del grupo. No parece que vayan a dejar a Benítez ser Benítez, y él, aferrado a un banquillo por el que suspiraba desde hace muchos años, seguramente acabe renunciando a su propia identidad por triunfar, aunque sea a costa de un método que le ha funcionado en mayor o menor medida desde que ejerce.

Tiene un problema de jugadores y espacio, sobre todo arriba. Ronaldo, el que peor momento sufre, se antoja intocable a la hora de establecer rotaciones. Benzema ansía un estatus que, por primera vez desde que piso Chamartín, se merece. Y Bale, al que casi nadie reconoce todavía una posición ideal en el campo, sigue enfrascado en su lucha contra la mediocridad, y de mediocre tiene poco, salvo esa apatía en el esfuerzo tan impropia del fútbol británico y que le condena.


Y Benítez, al igual que el resto de entrenadores, se merece poder ser él mismo. Con sus manías, sus ideas y su método. Si no, para qué llegó. Para eso nos habríamos quedado con la novia guapa y que, además, caía bien, a los jugadores y a buena parte del enjambre.


This entry was posted on miércoles, 14 de octubre de 2015. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

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